La situación es difícil. Vengo a hablar, o mejor dicho vengo a decir que de lo que estoy por escribir quedan pocos. Hay pocos. Entonces, por eso cuando digo que esa palabra no se regala, es por algo. Si lo que yo estoy pregonando es justamente que no la digan por que sí. Que no la regalen al viento. Que cada vez que salga de sus bocas...

 

 sea por un acontecimiento verdadero. Es porque hablamos de eminencia. Hablamos de personas que tienen esa adjetivación porque sin dudas son justamente eso que le decís. 
Por suerte solo acá tomamos conciencia del significado. Aunque creo que en Francia también lo aplican. Sin embargo, el reclamo y observación que hago tiene fundamentos. Y los mismos son perfectamente entendibles para quienes profesamos la cultura de cuidar a los Cracks. Uy, perdón. La dije. Una menos, y como les decía, quedan pocos. Mala mía. 

Esto va para usted. Y para usted también. Que los regala. Que los tira al aire, así como quien come mandarinas y escupe los carozos. Sí, así como quien derrocha “Me gusta” en Facebook. A ver, para ser más claro, yo no digo que eviten describir a alguien con esta palabra, solamente pido respeto por todo lo que abarca. 

Nuevamente me tomo una licencia especial porque se me hace imposible redactar sin escribir la palabra. Los Cracks están en todas partes. Pero “todas partes” es gigante. Más de dos millones y medio de km2. Abarca un país. No te digo que los contamos con los dedos de la mano, pero hay que hacer un proceso de selección para evitar el despilfarro de esa acepción. La normativa está en cada uno. Y por eso en un punto lo hace subjetivo. Sin embargo todos sabemos muy bien que ciertas normas y características están dentro de un patrón general. 

Ojo, que Crack es indistinto para quien se dirija. Tanto masculino como femenino. No existe “El” ni “La”, acá sin excepción la palabra se acompaña a lo sumo con un “Sos”. Y en su defecto, así como quien disfruta de darle una intención a la fonética, le tira un “Sos Cra”. Eso deviene del futbolista. Sin embargo corre para cualquier ámbito de la vida. Como así también para cualquier persona. Las hay, y los hay. Y está en cada uno de nosotros identificarlos. 

Eso sí, el crack siempre es crack. No lo es un minuto, una hora, un día. Para esos tenemos otra definición. Que también los enaltece pero no los perpetua. Ahí la que entra en juego es una descripción que por ley es necesario escribir y pronunciar de manera incorrecta. Esos que nos sorprenden muy esporádicamente con actitudes grandilocuentes son “Mostros” o “Mostras”. Aquí sí hay masculino y femenino. Justamente porque hay muchos y muchas. Y por supuesto que es importante darles un reconocimiento cuando los encontramos. 

En resumen, y sin entrar en una verdad absoluta espero haber sido comprendido. Quizás este sea un camino para que el término tome aún más trascendencia. Y no se devalúe. Por el momento solo me queda decir que cuide a los que andan por ahí. Esté atento a quien derrocha la palabra. Argumente las razones del porqué no hay que regalarla. E intente, desde su lugar, lograr de forma auténtica que alguien lo llame así. No por cuestión de orgullo, sino más bien para distinguir si quién lo expresa forma parte de esta filosofía y no hace abuso del término.

Eso es todo. No mucho más que argumentar.
Quizás manifestar la alegría plena de encontrarse con alguno. Y tener el privilegio de poder decirle, “Sos Crack”.

Roña